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Phelipe Philippsen, Presidente de Lilly México "Tenemos que acelerar la forma en que la innovación se conecta con la vida real de las personas"
  • 16 de febrero de 2026

Phelipe Philippsen, Presidente de Lilly México "Tenemos que acelerar la forma en que la innovación se conecta con la vida real de las personas"

En el contexto del crecimiento de Lilly en México y el inicio de la gestión de Phelipe Philippsen como presidente, esta entrevista busca abordar las prioridades inmediatas de su liderazgo.

En el contexto del crecimiento de Lilly en México y el inicio de la gestión de Phelipe Philippsen como presidente, esta entrevista busca abordar las prioridades inmediatas de liderazgo, los principales retos de acceso a la innovación y las condiciones necesarias para que México fortalezca su posición como mercado estratégico, destacando el compromiso la compañía con el desarrollo científico, la adopción de nuevas capacidades y el crecimiento sostenible del ecosistema de salud.

Llega a la presidencia de Lilly México en un momento clave para la industria farmacéutica. ¿Cuál es el primer cambio que quiere impulsar y por qué considera que es urgente ahora?

R/ Asumo el liderazgo de Lilly México en un momento en el que, para muchas personas, pensar en salud sigue siendo un camino complejo, desafiante y muchas veces desgastante. Esa realidad convive con un momento de enorme avance científico, y ahí está el reto que debemos resolver. Por eso, el primer cambio que quiero impulsar es acelerar la forma en que la innovación se conecta con la vida real de las personas.

Lilly México viene de un crecimiento del 127%, uno de los más relevantes de la compañía a nivel global. Ese crecimiento nos da escala, pero también nos exige responsabilidad. El verdadero reto es cómo usamos esa escala para fortalecer capacidades, ampliar el impacto y asegurar que la innovación llegue de manera sostenible a quienes la necesitan.

 

Lilly opera como una compañía de medicina: una compañía que no solo desarrolla tratamientos innovadores, sino que entiende que la salud ocurre en la vida cotidiana. En un país con una alta carga de enfermedades como diabetes, obesidad, Alzheimer y cáncer, la urgencia es clara. Si la ciencia avanza, pero el acceso se retrasa, el costo no es abstracto: lo pagan las personas y sus familias.


México enfrenta retos importantes en acceso a medicamentos innovadores. Desde su nueva posición, ¿qué obstáculos identifica como los más críticos y cómo piensa enfrentarlos dentro del marco regulatorio actual?

R/ Hoy la innovación en materia de medicinas ya es una realidad y ésta llega tan pronto como los marcos regulatorios de cada país lo permiten. No obstante, se necesita, todavía más, generar las condiciones pertinentes para que más medicamentos innovadores lleguen a más pacientes. Actualmente, con base en el estudio “FIFARMA Indicador W.A.I.T. 2024” tras la aprobación regulatoria global de un medicamento, ya sea de la FDA o la EMA, el tiempo promedio para la aprobación en 8 países de Latinoamérica es de 3 a 5 años después, incluido México.

El reto es lograr que ese tiempo disminuya siguiendo las normas y regulaciones establecidas, buscando la simplificación y el tiempo promedio de las aprobaciones para la obtención del registro sanitario.  

En Lilly creemos que nuestro enfoque debe ir más allá de ser solo proveedores de medicinas, por lo que, a través de nuestras investigaciones locales y desarrollo de nuevos modelos de acceso, queremos ayudar a que la medicina de innovación esté al alcance de más pacientes en el menor tiempo posible.


Ha trabajado en mercados tan distintos como Brasil, Estados Unidos y otros países de Latinoamérica. ¿Qué le sorprendió del ecosistema mexicano de salud al llegar y qué ajustes estratégicos considera indispensables?

R/ Lo que más me sorprendió fue la calidad del talento médico y científico en México. Existe un nivel técnico muy alto, una gran capacidad clínica y una vocación genuina por atender a los pacientes, incluso en contextos de alta complejidad. Esa combinación es una fortaleza real del país.

El ajuste estratégico indispensable es acompañar ese talento con mayores capacidades. México tiene el potencial para consolidarse como un mercado estratégico en investigación clínica y adopción de innovación, pero eso requiere inversión sostenida, mejor uso de datos y modelos de colaboración más integrados.

Desde Lilly queremos seguir fortaleciendo estas capacidades, porque cuando el talento local se combina con evidencia, tecnología y colaboración, el impacto para los pacientes se multiplica y el sistema se vuelve más resiliente.

 

Lilly está en el centro de la conversación global por sus avances en áreas como diabetes y obesidad. ¿Cómo planea que México participe de esa ola de innovación y qué tan preparado ve al sistema de salud para adoptarla?

R/ México participa en esta ola de innovación no solo por el tamaño del mercado, sino por la magnitud del reto. Por ejemplo, en México 14% de la población vive con diabetes y del total de la población, 75% de los mexicanos viven con sobrepeso u obesidad, ambos padecimientos concentran una parte relevante de la carga de enfermedad de la nación y están directamente asociadas a complicaciones que presionan al sistema de salud todos los días. Eso obliga a pensar la innovación con un criterio distinto al de otras áreas terapéuticas.

En enfermedades de alta prevalencia, la pregunta no es si una innovación funciona, sino cómo se integra de manera ordenada en un sistema que ya está bajo presión. La adopción en México requiere datos locales, capacidad clínica y modelos de atención que permitan diagnóstico temprano, seguimiento y uso adecuado. Sin esos elementos, cualquier avance corre el riesgo de quedarse limitado.

Desde Lilly trabajamos para que la innovación en diabetes y obesidad se incorpore con una visión de largo plazo, entendiendo que su impacto no se mide solo en resultados clínicos individuales, sino en la capacidad del sistema para sostenerla. México tiene profesionales de la salud altamente capacitados y una experiencia amplia en el manejo de estas enfermedades; el reto está en alinear esa experiencia con nuevas herramientas y evidencia que permitan escalar soluciones de forma responsable.

Más que hablar de preparación absoluta, el sistema está en un proceso de evolución constante. Nuestro papel es contribuir a que esa evolución sea más sólida, basada en evidencia y enfocada en generar beneficios reales para millones de personas que viven con estas condiciones todos los días.

 

La colaboración entre sector privado, gobierno y académico suele ser compleja en México. ¿Qué tipo de alianzas considera viables y qué condiciones deberían cambiar para que realmente generen impacto?

R/ En salud, las alianzas no son una opción, son una necesidad. Los desafíos que enfrenta el país son demasiado complejos para que un solo actor pueda resolverlos por sí mismo. La colaboración es la herramienta que permite encontrar soluciones donde actuar de manera aislada simplemente no alcanza.

En el caso del sector público, contar con el gobierno como aliado es clave para alinear prioridades, generar condiciones de largo plazo y asegurar que las soluciones se integren de forma ordenada al sistema de salud. Cuando existen reglas claras, continuidad y objetivos compartidos, es posible avanzar en investigación clínica, generación de evidencia y adopción responsable de innovación dentro del marco regulatorio. En nuestro caso, cuando todo lo anterior se cumple se traduce en inversiones para investigación clínica, como las que Lilly realizó de 2019 a 2025 en esta materia, las cuales se quintuplicaron.

Desde el sector privado, las oportunidades van más allá de capacidades técnicas o acceso. Colaborar con empresas de otros sectores, que cuentan con canales y audiencias de gran alcance, permite impulsar campañas de educación y concientización que hagan más visibles los problemas de salud que hoy nos afectan a todos. Estas alianzas ayudan a ampliar la conversación, informar mejor y llegar a más personas con mensajes basados en evidencia.

La academia y la tecnología completan este ecosistema. Las universidades y centros de investigación aportan rigor científico y estudios que fortalecen la toma de decisiones, mientras que el uso de datos e inteligencia artificial —como en la alianza global de Lilly con NVIDIA; permite acelerar el descubrimiento y desarrollo de medicamentos. Para que estas alianzas generen impacto real, se requieren condiciones claras: continuidad, intercambio de conocimiento y una visión compartida de largo plazo.